Guayakí es un emprendimiento de amigos que se convirtió en 20 años en un referente de empresa alimenticia de triple impacto que vende más de USD 50 millones en el mercado de EEUU y Canadá.

Todo empezó en 1996, cuando un par de compañeros de Ingeniería de Alimentos (de la Universidad Politécnica Estatal de California) se juntó para hacer algo. Entre ellos, un argentino, Alex Pryor. “Mi propósito era fundar una compañía con un modelo de negocios de diferente de triple resultado. Una empresa en la que lo económico fuera un medio para cumplir un fin social y ambiental”, cuenta Alex. Había pasado su infancia en San Isidro. Pero cada viernes cuando salía del colegio se iba al campo con su familia. Su papá manejaba y su mamá cebaba el mate. Él se limitaba a soñar mirando por la ventana. Así, se alejaba de la ciudad hacia la naturaleza, con el aroma a yerba recién cebada.

Muchos años después llegó a esa universidad californiana. Sin saberlo, había traído de la Argentina lo que había venido a buscar: la matera bajo el brazo. Sus compañeros y profesores observaban intrigados la nueva bebida. En ese tiempo en las universidades se tomaba mucho café pero ya comenzaba a surgir la demanda de alternativas más saludables.

De este choque de mundos nació Guayaki, produciendo yerba mate y derivados con un método superador. No sólo no tenían la necesidad de deforestar sino que también propiciaban la regeneración de ecosistemas a partir de la producción de yerba mate bajo la sombra de especies nativas, actuando como corredores biológicos entre distintos parques. Al mismo tiempo, como si el impacto ambiental no fuera bastante, estimulaban el sentido comunitario entre los indígenas y pequeños productores locales que se juntaban para formar cooperativas de trabajo. El método de Guayaki estaba diseñado para una doble meta “para 2020, restaurar 60.000 hectáreas de bosque atlántico interior (selva misionera de Paraguay, la Argentina y el sur de Brasil) y proveer sentido comunitario e inclusión social en 1000 familias”.


Tanto el objetivo (que ponía a la misión por encima de ganar plata) como la estrategia (el método de reforestación y reconstrucción de lazos comunitarios) fueron pioneros. Al principio muchos vieron a Guayakí como un bicho raro, con cabeza de fundación y patas corporativas. Pero este híbrido avanzó en todos los frentes transformándose en un ejemplo a seguir. Recién en 2007, 11 años después, cuando surgió en EEUU la certificación de Empresas B, Guayaki encontró una identidad y un lugar más claro bajo esta nueva forma legal. En 2009 se convirtió también en la primera empresa de yerba mate del mundo certificada por el Comercio Justo en la OMI.

Las Empresas B se basan en una relación de respeto, compasión, cooperación y compromiso con todos los stakeholders. Funcionan integradas con la comunidad, proveedores, clientes, empleados y otras empresas. De este modo, sus decisiones consideran los intereses de todos (no sólo los beneficios de los accionistas) y se genera un círculo virtuoso de mutua confianza.

El esquema anterior, supone altos niveles de transparencia sobre la producción de productos y estructura de modelos de negocio. Las imitaciones no son un problema para empresas como Guayakí. Al contrario, que otros puedan imitarlos implica que el segmento sustentable crezca y beneficia a la sociedad en su conjunto. Cuando el lucro deja de ser lo principal, la competencia ya no es por las ventas sino por el mundo en el que queremos vivir.

Por todo lo dicho Alex no esconde los secretos de su éxito: “necesitamos escuchar más a todos los interesados. Creo que tenemos algo en común y para aportar. No importa cuánto sepamos, siempre se puede aprender de otros. Antes de tener a mi primer hijo sentí una gran responsabilidad hacia las futuras generaciones. Ahora, este sentimiento es aún más personal”

Pueden conocer más en https://guayaki.com/

Otra nota similar de impacto con el caso de Patagonia: https://www.zafran.com.ar/naturaleza/que-mi-gente-vaya-a-hacer-surf/


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