El coco está en la casa.

23/07/15

Sucedió una mañana que yo estaba desayunando como siempre, lo que desayuné siempre: té con leche y pan blanco con mermelada. Creo que era costumbre, en mi casa había eso para desayunar. Sucedió que en 25 años, había desayunado siempre eso y, ahora, me daba cuenta que cuando terminaba de hacerlo, me sentía rara, no mal, pero sí sentía que había algo que no estaba bien.

Siempre me interesó leer acerca de las propiedades de los alimentos, pero hasta ese momento, lo que leía estaba separado de lo que comía, no sabía de métodos de producción. Decidí entonces leer un poco más y para mi sorpresa me encontré con feedlots, lácteos que no eran tan buenos como yo pensaba, J.M.A.F.(Jarabe de maíz de alta fructosa para los amigos, si es que tiene alguno), los daños de la harina blanca y muchas cosas más que me hicieron sentir que antes, tenía los ojos vendados y no podía ver el mundo como en realidad era.

También encontré, para mi felicidad otras alternativas a ese mundo industrializado, la harina integral, las semillas, los cereales (no, los del tigre forzudo, no! el mijo, la quinoa y el amaranto) y una infinidad de recetas que es el día de hoy, que no termino de experimentarlas todas. Fue así como lo que había en la heladera y la alacena empezó a cambiar. De a poco también, en casa empezamos a probar otros sabores y otros ingredientes. Por ejemplo, empezamos a hacer nuestro propio pan (siempre integral) y muchas cosas más. Estos cambios empezaron a reflejarse en el desayuno, el pan era otro y la mermelada (casera) también. Pero había algo que aún estaba: la leche.

Siempre tuve la idea de que en nuestra dieta no hay que quitar, sino reemplazar, ya que así el cambio es más agradable. Además, la comida no es solo comida, es momentos, es afectos, es compartir con otras personas, ¡es tantas cosas que no podemos simplemente eliminarlas! Pero dentro de eso que nos representa, creo que hay que ir por la mejor opción. – Cómo dijimos en otro post: “Aprovechar los momentos de las comidas para el encuentro y el diálogo con otros” zafran.com.ar/alimentacion-saludable/ –

Y así, un día, me encontré con la receta de la leche de coco. Oh, cómo aborrecía el coco rallado en mi infancia, para mí era papel picado, desabrido, insípido, soso y que se te pegaba al paladar, ¿cómo alguien podría sacar algo sabroso de ahí?, me preguntaba!

Sin embargo, guiada por mi intuición (o mi curiosidad, tal vez), hice la receta. ¿Qué sucedió entonces? Primero, sentí una maravillosa satisfacción al saber que eso que estaba ahí, lo había hecho yo. Y no era cualquier cosa, era una creación con la cual se podía desayunar, cocinar de cero otras recetas, un ingrediente nuevo, obtenido del (para mí) desdichado coco rallado sin (hasta entonces) valor alguno. Y ¿cómo era? Refrescante, sabrosa, con una untuosidad propia de la crema de leche, increíble. Tenía un ligero sabor a coco, pero muy suave. Imposible no amarla. Fué así como pasó a ser parte del elenco estable de mi cocina, siempre presente para agregarla a una taza de té con miel o experimentar con ella.

Tiempo después, luego de haberla hecho varias veces, cambié la receta, le sumé amor. Esta vez, realicé cada paso con paciencia y cariño, no es que antes no lo hiciera, pero esta vez lo hice consciente de ello y tomándome un poquito más de tiempo en cada paso, en especial licué durante más tiempo la leche antes de colarla. El resultado fue asombroso. Al presionar suavemente la bolsa de tela con la que separo el bagazo del líquido, comenzó a aparecer una deliciosa crema, espesa, suave, brillante y deliciosa. Me sentí tan maravillada que continué con el procedimiento hasta extraer todo. Luego  licué el líquido con la crema para homogeneizarla, ¿el resultado? Exquisito, obtuve una leche aún más cremosa y con más cuerpo, nada que envidiarle a la leche de vaca.

Esta leche puede usarse como cualquier otra, cuidando que no hierva nada más, ya que sino se separa la fase oleosa de la líquida.

Desde ese día, mi desayuno y mi comienzo del día es distinto, me siento plena sabiendo que lo primero que le doy en el día a mi organismo, es saludable y, además, hecho por mí.

La receta, de la mano de la genial Kiako, aquí.

Los invito a descubrir un nuevo mundo de sabores y a comprobar que muchas cosas que nos venden hechas, se pueden hacer en casa en un ratito.

Maitén Rancaño – maiten@swamimai.com.ar

Estudiante de Ingeniería en Alimentos de la UNQ y co-creadora de Swamimai, proyecto que brinda charlas de divulgación científica, alimentación y ecología en distintos ámbitos. Apasionada de la cocina y los viajes.

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2 Comentarios

Alejandra dice:

Cuando en la receta se habla de «una parte de coco por tres de agua», a qué equiovale una parte?
Me diste ganas de probarla! 😉
Saludos!

zafran dice:

Hola Alejandra.
Sería usar el mismo recipiente para medir. Por ejemplo, un vaso de coco rallado y 3 vasos de agua.
Es riquísima!

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