Comida o chatarra

13/08/21

Existe otra pandemia, con una tasa de mortalidad muy elevada, que afecta a todos los grupos de edad sin distinciones y avanza a un ritmo vertiginoso en todos los países del mundo: hablamos del sobrepeso y la obesidad. En Argentina 7 de cada 10 adultos y a 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes, padecen sobrepeso. Estos números se corresponden con el aumento de las enfermedades no transmisibles (como diabetes, hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer, enfermedades respiratorias, o cardio y cerebrovasculares) que son la principal causa de muerte en nuestro país.

Y esta pandemia, como la otra, sólo puede combatirse con ciencia y nuevos hábitos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sobrepeso y la obesidad infantil constituyen uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI. Según la evidencia científica los hábitos alimentarios influyen decisivamente en la aparición de estas enfermedades que matan. Por eso es tan importante promover el consumo de ciertos alimentos, limitar y evitar el consumo de otros.

Todos dicen que es más importante prevenir que curar, pero nadie dice que un nutricionista es más importante que un médico. Así es en la pandemia de la obesidad, porque se combate en el terreno de los patrones de consumo. Claro que esto es indisociable de los patrones de producción, porque las tendencias regionales y mundiales están fuertemente influidas por la oferta de industrias alimentarias a las que les resulta muy  lucrativo el negocio de los ultra-procesados. Esto explica el aumento rápido y elevado del consumo de alimentos con alto contenido de azúcar, sal, grasas saturadas, calorías y aditivos. En las últimas dos décadas, el consumo de energía que proviene de productos ultraprocesados aumentó un 53%, llegando a ser el 30% de las calorías totales consumidas por la población en un día. Como contrapartida de este avance retroceden los alimentos frescos o mínimamente procesados y las comidas caseras. De este modo los problemas de malnutrición de exceso de ingredientes nocivos y los de carencia de necesarios (hierro, vitamina A, cinc, entre otros) conviven en el mismo sistema alimentario.

Según la 2° Encuesta Nacional de Nutrición y Salud está situación atraviesa a toda la población pero afecta especialmente a los grupos de mayor vulnerabilidad social, que refiere poco consumo diario de alimentos recomendados (frutas y verduras frescas, carnes y leche) y mucho de no recomendados (bebidas azucaradas, productos de pastelería y golosinas) . Al mismo tiempo, al realizar el análisis por grupos de edad, los niños, niñas y adolescentes (NNyA) tienen un patrón alimentario menos saludable que los adultos, con un consumo de un 40% más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelería o productos de copetín y el triple de golosinas .

¿Sería negocio para las industrias seguir vendiendo estos ultra-procesados con alto contenido de azúcar, grasas y sal y bajo valor nutricional, si tuvieran que hacerse cargo de los costos sanitarios que generan? Hoy el Estado paga las externalidades, afrontando el tratamiento de todas las enfermedades crónicas no transmisibles que provocan los “productos comestibles” no nutritivos. Hoy las industrias de los «símil alimentos» acumulan capital a costa de que del otro lado se acumulen pacientes en un sistema de salud colapsado y de muertes tempranas de personas que son sostén de familia.

La única forma de ponerle un freno a la «comida chatarra» (vacía nutricionalmente y llena de ingredientes nocivos)  y «los negocios chatarra» (vacíos en valor y llenos de externalidades)  es  a través de una buena legislación. Sirve aumentarle los impuestos a la industria del azúcar y darle beneficios a quienes producen responsablemente . Sirve la nueva ley de etiquetado frontal de alimentos que advierte cuando un envase contiene exceso de ingredientes nocivos. Sirve regular la publicidad. Son muchas las normas que debemos actualizar para transformar este sistema alimentario que viene generando obesidad, sobrepeso, enfermedad y muerte. Y debe acompañarse de campañas de concientización que estimulen el consumo y la producción responsable.

No es un ataque a las “fuentes de trabajo”, sino un cambio de paradigma que creemos puede generar más y mejor trabajo (como por ejemplo a través de la agricultura familiar, la agroecología, la diversificación de las economías regionales). No es un ataque al capitalismo, sino una alarma sobre sus degeneraciones lobistas, extractivistas y oligopólicas. No es un ataque en absoluto sino todo lo contrario. Es una  defensa de la comida, de la vida, de las personas y de la Tierra. En zafrán creemos en un capitalismo consciente, de triple impacto, donde el lucro no se disocie del impacto en las personas y la Tierra. No sólo creemos. Estamos llevándolo a la acción, con aciertos y desaciertos, junto a todo un ecosistema que quiere hacer las cosas bien.

 

Info de la problemática en menores:

https://www.ficargentina.org/sobrepeso-y-obesidad-en-ninos-ninas-y-adolescentes-de-argentina/?gclid=CjwKCAjwsNiIBhBdEiwAJK4khlJdv4WqmIWlm1SRxeDzncVS6qSajWtXaGUJh_nFabSRg9thwepJtRoCAHgQAvD_BwE

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