La leyenda del colibrí

2/11/22

Un mal día en el bosque se desató un enorme incendio. Las llamas crecían y devoraban todo. En medio del caos, un pequeño colibrí voló al río, mojó en él sus alas, y regresó al incendio agitándose para apagar el fuego. Repitió el proceso incansablemente, yendo y viniendo una y otra vez. Pero el fuego, indiferente, no dejaba de crecer.  

Los otros animales, que estaban viendo lo que sucedía, le dijeron al colibrí. -Oye, ¿por qué estás haciendo eso? ¿Cómo crees que con esas gotitas puedes apagar un incendio tan grande? 

El colibrí, sin desanimarse, les respondió: -Yo no sé si voy a apagar el incendio, pero sé que debo intentarlo. El bosque me ha dado todo lo que soy, es mi origen y hogar. Tengo un inmenso amor por él. ¿Cómo no voy a intentar salvarlo?  

Los animales se conmovieron al escuchar al colibrí y algunos se sumaron a sus esfuerzos. Los dioses, que miraban desde arriba, también se conmovieron. El cielo se cubrió de nubes y se desató una lluvia torrencial que apagó hasta la última llama. 

 

 

¿Puede esta fábula animar  activistas climáticos en un contexto mundial tan complicado? El mundo está en llamas, en una crisis total, económica,  social y bélica. Lo incendiamos para ganar tierras productivas y para el negocio de unos pocos. Y todo indica que seguimos profundizando el camino insostenible. ¿Qué podemos hacer para salvar nuestro hogar? ¿Cómo lograremos conmover a los dioses? ¿Será muy ingenuo pensar que aún es posible?

 

 

 

 

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