«Que nuestra utopía sea un futuro en la Tierra»

8/11/21

¡Bla, bla, bla!

Greta Thunberg, dice que el COP26 resultó un “festival de greenwashing de los países del norte”. La activista sueca e impulsora del movimiento internacional Friday´s For Future no está sola. Miles de personas, en su mayoría niños y jóvenes, se congregaron alrededor del predio de las negociaciones de Glasgow para exigir acción ante el cambio climático. Aún es temprano para un balance final. La primera semana estuvo signada por anuncios, compromisos políticos de jefes de estado y negociaciones climáticas. Estamos entrando en una segunda semana mucho más técnica, muy necesaria para consensuar mecanismos e indicadores que permitan medir y financiar los objetivos ( y ver cuánto queda en un ¡bla, bla, bla!).
Uno de los puntos clave es el artículo 6 para regular el mercado de carbono. El desafío es que quien pueda ir más allá de sus metas de mitigación tenga un incentivo para hacerlo participando de un mercado de transferencia internacional de reducción de emisiones en pos de cumplir con el objetivo del Acuerdo de limitar el calentamiento por debajo del 1,5°C. Según explica Tais Galera Lara, periodista de Redacción, sería “yo reduzco emisiones con X acción, te vendo esa reducción y vos compensás. ¿Listo? ¿Todo bonito? No. Esperen. Que en esa opción criolla pueden quedar muchos cabos sueltos. Y por algo este artículo trae tantos inconvenientes. Spoiler: si no se reglamenta bien, se puede hacer trampa”. El objetivo es acordar un marco regulatorio transparente que estimule la descarbonización. El riesgo es que una legislación laxa, posibilite negocios (y negociados) de compensaciones que retrasen la mitigación real.

¡Oh, oh oh!

A nivel político uno de los avances tuvo que ver con la participación de grupos indígenas, que llegaron a Europa para sumarle sabiduría a la ciencia y la tecnología. Porque a través de estos pueblos también habla la Naturaleza. Por eso rescatamos el discurso de Txai Suruí, una joven de 24 años que habita en el Amazonas. Entró con su corona de plumas de loro y guacamayo a la inmensa sala repleta de líderes de 196 países y científicos climáticos. “Mi padre, el gran jefe Almir Suruí, me enseñó que debemos escuchar a las estrellas, a la luna, a los animales y a los árboles”, dijo frente al micrófono. Y sus palabras resonaron con poder, arquearon cejas, entreabrieron bocas, desenredaron inconscientes… “Tenemos ideas para retrasar el fin del mundo. Detengamos la emisión de promesas falsas e irresponsables; acabemos con la contaminación de las palabras vacías y luchemos por un presente y un futuro vivibles. Que nuestra utopía sea un futuro en la Tierra”.

¡Uy, uy, uy!

¿Por qué es tan decisiva esta COP26 y la lucha contra el cambio climático? Porque estamos destruyendo el único planeta que tenemos y si no entramos en un período de regeneración, corremos riesgo de extinción. No es sólo un temor de Txai Suruí sino también el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que es el órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático. El 9 de agosto último, publicó un informe especial el sobre el cambio climático y la tierra. La predicción permite simular escenarios con diferentes grados de calentamiento global. En cada uno analiza que sucederá con la desertificación y degradación de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres. Este trabajo de años fue elaborado por 234 autores de 66 países, con más de 14.000 referencias científicas citadas, examinaron 78 000 observaciones formuladas por gobiernos y expertos.

¡Ya, ya, ya!

Las predicciones del IPCC no son divagaciones sobre el futuro remoto sino tendencias palpables que se profundizarán en los próximos años. Es importante conocerlas y actuar hoy mismo en consecuencia. El IPCC predice que se intensificará el ciclo hidrológico conllevando más precipitaciones e inundaciones, sequías más intensas, aumento de los niveles del mar y erosión costera. Divulgan que se esperan también derretimientos de glaciares y los mantos de hielo y hielo marino, que habrá acidificación del océano, desertificación de suelos, entre otros factores.
Todos estos factores climáticos afectarán (de manera creciente con el aumento de la temperatura) a los cuatros pilares de la seguridad alimentaria: disponibilidad (rendimiento y producción), acceso (precios y capacidad para obtener alimentos), utilización (nutrición y preparación de alimentos) y estabilidad (alteraciones de la disponibilidad), con consecuencias más drásticas en los países de ingresos bajos de África, Asia, América Latina y el Caribe, y aún más riesgosas para las 500 millones de personas que viven en zonas afectadas por la desertificación.

¿Cómo ganamos resiliencia o mayores oportunidades de adaptarnos al cambio climático y limitar sus efectos? ¿Cómo gestionar más sustentablemente la alimentación de 9 mil millones de personas en un clima signado por fenómenos extremos?

Una de las revelaciones del informe es que el dióxido de carbono (CO2) es el principal causante del cambio climático y que para estabilizar el clima será central reducir sus emisiones de forma sustancial y rápida hasta finalmente lograr cero emisiones netas. Otra cuestión importante es que es necesario cambiar los métodos de producción para hacer un uso más sostenible de la tierra, adoptando nuevas tecnologías, cultivos y buenas prácticas que requieran menos superficie, menos agua y emitan menos gases, para detener desertificación y degradación de la tierra. También sirve implementar un sistema de alertas tempranas a nivel mundial para ir adelantándonos a los fenómenos. Debemos redoblar los esfuerzos de protección de las tierras, que no sólo son productoras de alimentos sino que también absorben mucho CO2 de la atmósfera (equivalente a prácticamente una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria) y tienen función de biomasa para energía renovable. Las políticas públicas deberán tender a disminuir las desigualdades, bajar el desperdicio de alimento y mejorar la nutrición con dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y origen animal producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero.

Lo anterior es imposible sin cooperación internacional, voluntad política y legislación.  Por eso la COP26 es tan importante, porque urge financiar la transformación de la economía global, revolucionar el  sistema energético y alimentario para volverlo sostenible (o regenerativo). Pero también es imprescindible la participación de las empresas, que pueden deben sumar al lucro propósitos de triple impacto. Y también es imprescindible el acompañamiento de la ciudadanía, no sólo en el reclamo frente a sus representantes sino también a través de la demanda o el consumo responsable. ¡Todas las personas son parte de este cambio sistémico! Apoyar a quienes producen con impacto positivo, priorizar la energía verde y comer mejor es parte del camino sustentable. Cada compra es un voto. Cada vez que cocinamos en casa, que regamos la huerta, que reciclamos un envase, estamos alimentando la utopía de un futuro en la tierra.

 

Podés escuchar en vivo lo que pasa en la COP26: https://unfccc-cop26.streamworld.de/program

Notas relacionadas: https://www.zafran.com.ar/ambiente/el-dia-de-la-tierra/

 

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