El etiquetado frontal de alimentos es un complemento de información nutricional que va al frente de los envases. El desafío de su diseño es facilitar la rápida comprensión del consumidor, para que tome una decisión de compra mejor informada. Por eso debe ser gráfico, veraz, simple y claro.

Una de las funciones del etiquetado frontal es que se puedan identificar de un vistazo los ingredientes claves (azúcares, grasas y sodio) cuyo consumo es aconsejable reducir para prevenir el sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades no transmisibles (como diabetes, enfermedades cerebro-vasculares, enfermedad renal crónica, cáncer, entre otras). La herramienta ya demostró que es efectiva para alertar estos peligros. Por eso, es promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre todos los Estados, para que fortalezcan el acceso de su población a una alimentación adecuada (y garanticen el Derecho a la Salud). En sintonía, esta entidad internacional alienta la adopción de líneas de corte según valores nutricionales como criterio para regular la publicidad, promoción y patrocinio de alimentos, decidir qué puede ofrecerse en escuelas, establecer incentivos y desincentivos fiscales, etc.

Lógicamente, el etiquetado frontal no sólo sirve de referencia para los consumidores y los funcionarios públicos sino también para las industrias productoras de alimentos. En los países donde fue adoptado las empresas tendieron a reformular los alimentos para hacerlos menos nocivos (y así evitar las advertencias). Por ejemplo, hoy en Chile (donde se adoptó el sistema de advertencias) es difícil encontrar un yogurt con azúcar en las góndolas. Sin embargo, cuando informar se reduce a advertir sobre lo malo, las reformas tienden a lo mismo, a quitar lo malo. Esto no es poco y lo celebramos. Pero es insuficiente. El riesgo es terminar llenando los supermercados de productos huecos, alimentos pobres sin los nutrientes necesarios, aunque sin sal, sin azúcar y sin grasas.

Es evidente que informar no se reduce a advertir sobre lo malo, del mismo modo que mejorar no es quitar los ingredientes que hoy nos hacen mal. También es necesario agregar lo que es bueno en su justa medida, los nutrientes que nuestro cuerpo requiere para funcionar correctamente. El exceso y el defecto son como la espada y la pared. En el medio debemos diseñar las etiquetas, tratando de equilibrar la simplicidad y la veracidad. Porque un cartel informativo no es lo mismo que una señal de tránsito. No es fácil. De un lado, si somos demasiado veraces y pretendemos informar con profundidad al consumidor atentamos contra la simplicidad de la etiqueta (la rápida comprensión e incidencia en la conducta de compra). Del otro lado, si somos demasiado simples (y reducimos todo a desalentar lo negativo) atentamos contra la veracidad por ignorar los aportes nutricionales.

Hoy el etiquetado frontal es un proyecto de ley en la Argentina (y una realidad en varios países limítrofes). Por eso la polémica está abierta. ¿Qué ventajas tiene la implementación obligatoria sobre la voluntaria? ¿Con qué profundidad es necesario informar al consumidor? ¿Con qué grado de competencia cuenta el público para decodificar un mensaje? ¿Cuántas distinciones pueden comprenderse fácilmente? ¿Qué pasa cuando el público de una marca posee un mayor grado de consciencia y educación alimenticia que el promedio? ¿En qué medida debe priorizarse el efecto sobre grandes poblaciones? ¿Alcanza con advertir los aspectos negativos? ¿Cómo resaltar los valores nutricionales?  ¿Cómo afectará uno u otro modelo de implementación a la industria alimenticia? ¿Qué enseñanzas podemos obtener de los países que ya lo vienen aplicando? ¿Qué debemos hacer en Zafrán en relación a esto? ¿Es válido sacar una simple y nutritiva nuez para no pasar un nivel de grasa?  

El debate está abierto en nuestro equipo. Y nos resulta apasionante. Más allá de nuestras sanas divergencias, todos estamos de acuerdo en una cosa: siempre continuaremos siendo transparentes, nunca subestimaremos a nuestro público y, en cada caso, haremos lo que creamos que es bueno de verdad. “Comer mejor” es el cielo de nuestra rayuela. Y nosotros mismos (toda la comunidad Zafrán) somos sus jueces.

Les dejamos cuatro modelos interesantes que ya fueron aplicados en diversos países para seguir pensando (y avanzando) juntos. ¡Claro que también es posible proponer opciones superadoras!  

// Guías Diarias de Alimentación: informan porcentajes recomendados de consumo diario de energía o nutrientes en una porción o en un producto. Fueron adoptados voluntariamente en países como EEUU, Costa Rica, Malasia, Tailandia y por la Unión Europea en 2011. Desde el 2015, México lo adoptó de manera obligatoria. En el Reino Unido, es implementado voluntariamente, aunque no de la manera tradicional monocromática, sino el GDA con los colores del semáforo, por lo que se lo conoce como “semáforo”.

// Semáforo simplificado que indica a través de colores rojo, amarillo y verde el alto, medio o bajo contenido del nutriente crítico respectivamente, sin detallar valores absolutos de los nutrientes, ni los porcentajes de los valores diarios recomendados. Este último ha sido adoptado por ley en Ecuador (2014) y Bolivia (2017).

// Sistema de advertencias: Consiste en la presencia de una o más imágenes gráficas tipo advertencia que indica que el producto presenta niveles de nutrientes críticos superiores a los recomendados. El sistema de advertencias ha sido adoptado de manera obligatoria en Chile (2016), en Perú y Uruguay (2018)*.  Asimismo ha sido sometido a consulta pública reciente en Brasil y Canadá.

// El score nutricional de los 5 colores ha sido desarrollado por la Agencia de Salud Pública de Francia y fue adoptado como sistema voluntario. Emplea un sistema de perfiles de nutrientes, que clasifica cinco categorías de calidad nutricional. La puntuación tiene en cuenta, por 100 gramos de producto, el contenido de nutrientes y alimentos cuyo consumo se quiere promover (fibra, proteínas, frutas y verduras) y de los nutrientes cuyo consumo se quiere limitar (la energía, los ácidos grasos saturados, azúcares y sal). Se pondera nutrientes a promover y a limitar, se establece la puntuación obtenida y se asigna una letra y un color. El producto más favorable nutricionalmente obtiene una puntuación “A” verde y el producto nutricionalmente menos favorable obtiene una puntuación “E” roja

En Zafrán promovemos una alimentación consciente, moderada y variada.

Te invitamos a nuestra tienda online, para que puedas elegir lo que más te guste:

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