Los menores y adolescentes son como esponjas que pueden absorber saberes y hábitos con rapidez. Pero la “esponjosidad” no es sólo una fortaleza envidiable. También es una debilidad a proteger. Por un lado, son flexibles para aprehender y adaptarse. Por otro lado, son permeables y vulnerables a la influencia de todos los mensajes circundantes. Esto es peligroso en el terreno de la alimentación, donde las grandes industrias suelen esconder, detrás de espejitos de colores, pobreza nutricional y exceso de productos ultra-procesados nocivos para la salud. ¿Qué armas tienen los más chicos para defenderse de las sirenas de las publicidades de TV  o Youtube?  ¿Cuánto marean los envases con diseños espectaculares, deportistas o personajes de dibujos animados? ¿Cómo pueden resistirse a las golosinas que bailan sobre sus narices?

Haciendo foco en estas preguntas, Unicef presentó la semana pasada en el Congreso un informe con medidas para combatir la obesidad infantil propiciando un entorno más saludable. Cabe señalar que esta epidemia es grave en todo el mundo pero aún más en la Argentina, cuyos indicadores de obesidad en menores de 5 años son los segundos de la región (sólo superado por Paraguay). Como advierte la Sociedad Argentina de Pediatría y la oficina local de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) el problema es urgente, por sus efectos actuales y porque los hábitos que se construyen en la niñez suelen perdurar en la vida adulta. Está comprobado que el sobrepeso aumenta significativamente el riesgo de las enfermedades no transmisibles (como la diabetes o las  enfermedades cardiovasculares) que ya constituyen la primera causa de muerte en la Argentina.

Pero la obesidad infantil no sólo es un riesgo a futuro sino un mal que afecta muchas dimensiones del presente. “Si bien el derecho a la salud y a la alimentación son los más claramente afectados, la creciente prevalencia del sobrepeso compromete también el ejercicio de otros derechos, como la educación, la información, la no discriminación, el juego, el esparcimiento y, más ampliamente  la vida, supervivencia y el desarrollo pleno”, definió Unicef ante miembros del Congreso.

Durante la reunión de trabajo legislativo de la semana pasada (que convocaron el Observatorio Parlamentario Agenda 2030 de la Cámara de Diputados y el Observatorio de Derechos Humanos del Senado de la Nación con Unicef Argentina) se propuso la siguiente batería de medidas:  

  • Prohibir la promoción, publicidad y patrocinio de alimentos y bebidas no saludables.
  • Proteger escuelas y otros entornos frecuentados por niños garantizando que sean libres de promoción y venta de productos perjudiciales para la salud.
  • Regular el etiquetado frontal de alimentos y bebidas para identificar con claridad aquellos que sean altos en azúcar, sal, grasas y calorías.  
  • Establecer impuestos especiales para alimentos y bebidas de bajo valor nutricional y subsidios a alimentos naturales, en especial frutas y verduras.
  • Complementar todas las políticas con comunicación masiva y campañas de educación nutricional.

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